jueves, 30 de julio de 2009

La Cárcel de la Auto condena y la Puerta del Auto perdón…

Había una vez un hombre que vivía preso en una lúgubre cárcel de Sighişoara, Rumania. No sabía su nombre, Grasu (Gordo) lo llamaba el guardia. No recordaba quién lo había condenado, ni porqué lo habían encerrado. No tenía más compañía que unas nauseabundas ratas a las cuales alimentaba con mendrugos de pan. Se pasaba el día entero mirando al exterior a través de una pequeña ventana enrejada que había en su celda. Cada vez que veía pasar a alguien al otro lado, estallaba en sonoras e irrefrenables carcajadas. El guardián estaba realmente sorprendido. Un día, vencido por la curiosidad, le preguntó al preso:

-Dime Grasu, ¿A qué se deben esas carcajadas día tras día?

El preso contestó arrogante:

- ¿Cómo que de qué me río? ¡Pero estás ciego! Me río de todos esos que están ahí. ¿No ves que no se dan cuenta que están presos detrás de estas rejas? Los perdono…porque no saben lo que hacen… Su ignorancia es un gran antídoto contra el sufrimiento. Y volvió a soltar una gran carcajada, entremezclada con gritos de “¡Perdón!” Tan fuerte río, que su risa llegó a un anciano que caminaba tranquilamente por la acera junto a la antigua cárcel.

El anciano levantó la vista y viendo al preso encaramado a las rejas dijo:

- ¿Quieres que te perdone? ¿Yo? Veras… no hace falta.

- Si, ¡Si hace falta! Lo necesito… - contestó el preso confundido, sin saber ya si tenia que perdonar o ser perdonado…

- Ya veo… Lo necesitas, te hace falta… ¡Bien pues! Pero dime antes: si yo te doy mi perdón… ¿Qué harás tú con él?

- Que… ¿Qué haré con él? Ay, no se, ¡Qué pregunta! – Hacía tanto tiempo que el preso no se cuestionaba nada…

- ¿No sabes que harás con mi perdón?

- Bueno… no lo sé… no. ¿Qué se puede hacer? No sé… ¡Yo solo quiero que me perdones! Aulló desesperado.

El anciano quedó en silencio un instante, esperando más del preso quien, empujado por su silencio, continuó protestando muy ofendido…

- ¿Es que quieres humillarme haciéndome rogarte que me perdones?

- Bueno… en principio, si te sientes humillado por pedirme perdón un par de veces… será que aún no estás preparado para llevarte un tesoro tan grande.

- A ver… exactamente ¿Que debería yo hacer para que me perdonaras?- El preso estaba cansado… No había sostenido una charla tan larga en años… - ¿Qué se puede hacer con un perdón?-

- No sé… dímelo tú, que eres quien lo pide. Para algo será… algo querrás hacer “con lo que pides”, sino… ¿Para qué lo pides? ¿Entiendes?

- La verdad, no. No entiendo toda esta conversación en absoluto.

- Tú, eres el que quiere algo que no sabe para que lo quiere…. ¿Te parece eso más fácil de entender?

Ahora, el silencio fue diferente… parecía como si ambos estuvieran acercándose por primera vez desde el comienzo de esta absurda conversación. Finalmente, el que pedía perdón estaba viendo que la postura más incomprensible era la suya propia…

- Está bien, lo que haré con ello es: sentirme mejor- el preso se sorprendió de su propio descubrimiento.

- Sentirte mejor… ¿Qué es eso de “sentirse mejor”? ¿Lo usarás para sentirte mejor? ¿Y cómo pretendes usar mi perdón? ¿Lo aplicarás como se aplica una pomada para el reumatismo, o lo tomarás como pastillas para el dolor de cabeza? ¿Algo así… para sentirte mejor?

- No, no… ¡Caramba que viejo obtuso eres!- gritó el preso desesperado.

- Mira, no entiendes, lo que quise decir es que por el hecho de que tú me perdones ¡Yo me sentiré mejor!

- Está bien, está bien… tranquilízate…pero mira, ¿Y si yo ya te he perdonado y tu no lo sabes? ¿Qué ocurre entonces?

- Pues… ¡Que yo seguiré sintiéndome mal porque no sabré que ya me has perdonado!

- Entonces… como podrás ver, te equivocas pidiéndome perdón a mi; “no es importante que yo te perdone” sino que lo importante es que tú sepas que yo te perdono, es decir… que “te sepas perdonado”…

- Si… si, yo tengo que saber que puedo ser perdonado, y dejar de sentirme culpable… ¡Eso es!- Por primera vez en años, el preso sonrió.

- ¿Y bien… te has dado cuenta que yo no he pronunciado aún las palabras “te perdono” y veo en tu rostro que ya te sientes mejor?

- Si, es cierto…lo lamento, no quise gritarte, ni burlarme de ti con mis carcajadas. Pero dime ¿Cómo es que ya me siento mejor?

- Porque el perdón, está… Simplemente, “está” sobre nosotros… como el sol lo está. Tan sólo hay que “tomarlo”…

- ¿No necesitaba pedirte perdón a ti?

- No, no a mí. Simplemente, sentirlo… nada más.

- Pero… ¿Y quien me perdonó a mí? Ahora me siento bien…

- Tu.

- ¿Yo?

- Si… tú te perdonaste…

- Vaya… no se que decir…- El preso comenzó a acariciarse su enmarañada cabellera.

El guardia que había seguido la conversación azorado, se acercó a la reja y tímidamente apoyó su mano sobre los hombros del preso, casi tartamudeando un nombre: “Gheorghe…”

-“¿Gheorghe?” Balbuceó el preso reconociéndose.

Ahora el silencio fue como si lo inhalaran los tres, los tres parecían alimentarse de los segundos siguientes sin hablar. Y continuó así la conversación…

-Recuerda esto: si el perdón es para ti, no importará que cuando lo pidas a tu ofendido este te oiga o no… ni siquiera importa que esté presente, pues como ya sabes… solo tú puedes obtener tu propio perdón.

Y con estas últimas palabras, el anciano cruzó la acera y retomó su tranquila marcha por el angosto callejón junto a la cárcel de Sighişoara, la más bella cuidad amurallada de Transilvania.

Cuenta el guardia, testigo de esta historia, que en ese momento, Gheorghe cayó de rodillas y se puso a llorar como un niño. Y mirando a su alrededor asombrado… por primera vez después de muchos años, notó que la puerta de su celda estaba abierta...había estado siempre abierta….

María Giacobone Carballo. COPYRIGHT 2009©

12 comentarios:

*Luna dijo...

Hola cielo una interesante historia
un beso de Luna

Conrado dijo...

Muy pero muy bueno, debería leerlo mucha gente!
beso
Conrado

Maria Giacobone Carballo dijo...

Gracias Luna! Gracias Conrado!
Besos,
María

Maria Giacobone Carballo dijo...

Gracias Luna! Gracias Conrado!
Besos,
María

ecologismoliterario dijo...

Un cuento precioso, toda una lección sobre perdonar y perdonarse. ¡Me ha encantado!

Maria Giacobone Carballo dijo...

Gracias Ecologismo Literario! Besos, María

patricia dijo...

Bravo!!!PERDON ! es una de las 4 fundamentales palabras que tiene que tener incorporadas el hombre;las otras 3 son:GRACIAS Y POR FAVOR!

Maria Giacobone Carballo dijo...

Gracias Patricia por tu entusiasmo!!!!
Besos,
María

Muestrario de Palabras 2 dijo...

Muy bello el blog!!
Maria

Maria Giacobone Carballo dijo...

Gracias Muestra de Palabras!
Cariños,
María

Anónimo dijo...

Muy interesante la forma que en esta naracion, nos dice, que el Perdon, no lo debemos pedir a algo o alguien, si que nosotros mismo debemos perdonar nuestros actos ....

Gabriela
Chile

Anónimo dijo...

Gracias María, cuando leo lo que public´ss siempre me queda una enseñanza, algo que aprender, algo que sentir. Como un empujón que em aclara ciertas vivencias en la que yo misma soy mi propia carcelera.
MUCHÏSIMAS GRACIas por tan humilde enseñanza.
Un beso enorme
Grace

jueves, 30 de julio de 2009

La Cárcel de la Auto condena y la Puerta del Auto perdón…

Había una vez un hombre que vivía preso en una lúgubre cárcel de Sighişoara, Rumania. No sabía su nombre, Grasu (Gordo) lo llamaba el guardia. No recordaba quién lo había condenado, ni porqué lo habían encerrado. No tenía más compañía que unas nauseabundas ratas a las cuales alimentaba con mendrugos de pan. Se pasaba el día entero mirando al exterior a través de una pequeña ventana enrejada que había en su celda. Cada vez que veía pasar a alguien al otro lado, estallaba en sonoras e irrefrenables carcajadas. El guardián estaba realmente sorprendido. Un día, vencido por la curiosidad, le preguntó al preso:

-Dime Grasu, ¿A qué se deben esas carcajadas día tras día?

El preso contestó arrogante:

- ¿Cómo que de qué me río? ¡Pero estás ciego! Me río de todos esos que están ahí. ¿No ves que no se dan cuenta que están presos detrás de estas rejas? Los perdono…porque no saben lo que hacen… Su ignorancia es un gran antídoto contra el sufrimiento. Y volvió a soltar una gran carcajada, entremezclada con gritos de “¡Perdón!” Tan fuerte río, que su risa llegó a un anciano que caminaba tranquilamente por la acera junto a la antigua cárcel.

El anciano levantó la vista y viendo al preso encaramado a las rejas dijo:

- ¿Quieres que te perdone? ¿Yo? Veras… no hace falta.

- Si, ¡Si hace falta! Lo necesito… - contestó el preso confundido, sin saber ya si tenia que perdonar o ser perdonado…

- Ya veo… Lo necesitas, te hace falta… ¡Bien pues! Pero dime antes: si yo te doy mi perdón… ¿Qué harás tú con él?

- Que… ¿Qué haré con él? Ay, no se, ¡Qué pregunta! – Hacía tanto tiempo que el preso no se cuestionaba nada…

- ¿No sabes que harás con mi perdón?

- Bueno… no lo sé… no. ¿Qué se puede hacer? No sé… ¡Yo solo quiero que me perdones! Aulló desesperado.

El anciano quedó en silencio un instante, esperando más del preso quien, empujado por su silencio, continuó protestando muy ofendido…

- ¿Es que quieres humillarme haciéndome rogarte que me perdones?

- Bueno… en principio, si te sientes humillado por pedirme perdón un par de veces… será que aún no estás preparado para llevarte un tesoro tan grande.

- A ver… exactamente ¿Que debería yo hacer para que me perdonaras?- El preso estaba cansado… No había sostenido una charla tan larga en años… - ¿Qué se puede hacer con un perdón?-

- No sé… dímelo tú, que eres quien lo pide. Para algo será… algo querrás hacer “con lo que pides”, sino… ¿Para qué lo pides? ¿Entiendes?

- La verdad, no. No entiendo toda esta conversación en absoluto.

- Tú, eres el que quiere algo que no sabe para que lo quiere…. ¿Te parece eso más fácil de entender?

Ahora, el silencio fue diferente… parecía como si ambos estuvieran acercándose por primera vez desde el comienzo de esta absurda conversación. Finalmente, el que pedía perdón estaba viendo que la postura más incomprensible era la suya propia…

- Está bien, lo que haré con ello es: sentirme mejor- el preso se sorprendió de su propio descubrimiento.

- Sentirte mejor… ¿Qué es eso de “sentirse mejor”? ¿Lo usarás para sentirte mejor? ¿Y cómo pretendes usar mi perdón? ¿Lo aplicarás como se aplica una pomada para el reumatismo, o lo tomarás como pastillas para el dolor de cabeza? ¿Algo así… para sentirte mejor?

- No, no… ¡Caramba que viejo obtuso eres!- gritó el preso desesperado.

- Mira, no entiendes, lo que quise decir es que por el hecho de que tú me perdones ¡Yo me sentiré mejor!

- Está bien, está bien… tranquilízate…pero mira, ¿Y si yo ya te he perdonado y tu no lo sabes? ¿Qué ocurre entonces?

- Pues… ¡Que yo seguiré sintiéndome mal porque no sabré que ya me has perdonado!

- Entonces… como podrás ver, te equivocas pidiéndome perdón a mi; “no es importante que yo te perdone” sino que lo importante es que tú sepas que yo te perdono, es decir… que “te sepas perdonado”…

- Si… si, yo tengo que saber que puedo ser perdonado, y dejar de sentirme culpable… ¡Eso es!- Por primera vez en años, el preso sonrió.

- ¿Y bien… te has dado cuenta que yo no he pronunciado aún las palabras “te perdono” y veo en tu rostro que ya te sientes mejor?

- Si, es cierto…lo lamento, no quise gritarte, ni burlarme de ti con mis carcajadas. Pero dime ¿Cómo es que ya me siento mejor?

- Porque el perdón, está… Simplemente, “está” sobre nosotros… como el sol lo está. Tan sólo hay que “tomarlo”…

- ¿No necesitaba pedirte perdón a ti?

- No, no a mí. Simplemente, sentirlo… nada más.

- Pero… ¿Y quien me perdonó a mí? Ahora me siento bien…

- Tu.

- ¿Yo?

- Si… tú te perdonaste…

- Vaya… no se que decir…- El preso comenzó a acariciarse su enmarañada cabellera.

El guardia que había seguido la conversación azorado, se acercó a la reja y tímidamente apoyó su mano sobre los hombros del preso, casi tartamudeando un nombre: “Gheorghe…”

-“¿Gheorghe?” Balbuceó el preso reconociéndose.

Ahora el silencio fue como si lo inhalaran los tres, los tres parecían alimentarse de los segundos siguientes sin hablar. Y continuó así la conversación…

-Recuerda esto: si el perdón es para ti, no importará que cuando lo pidas a tu ofendido este te oiga o no… ni siquiera importa que esté presente, pues como ya sabes… solo tú puedes obtener tu propio perdón.

Y con estas últimas palabras, el anciano cruzó la acera y retomó su tranquila marcha por el angosto callejón junto a la cárcel de Sighişoara, la más bella cuidad amurallada de Transilvania.

Cuenta el guardia, testigo de esta historia, que en ese momento, Gheorghe cayó de rodillas y se puso a llorar como un niño. Y mirando a su alrededor asombrado… por primera vez después de muchos años, notó que la puerta de su celda estaba abierta...había estado siempre abierta….

María Giacobone Carballo. COPYRIGHT 2009©

12 comentarios:

*Luna dijo...

Hola cielo una interesante historia
un beso de Luna

Conrado dijo...

Muy pero muy bueno, debería leerlo mucha gente!
beso
Conrado

Maria Giacobone Carballo dijo...

Gracias Luna! Gracias Conrado!
Besos,
María

Maria Giacobone Carballo dijo...

Gracias Luna! Gracias Conrado!
Besos,
María

ecologismoliterario dijo...

Un cuento precioso, toda una lección sobre perdonar y perdonarse. ¡Me ha encantado!

Maria Giacobone Carballo dijo...

Gracias Ecologismo Literario! Besos, María

patricia dijo...

Bravo!!!PERDON ! es una de las 4 fundamentales palabras que tiene que tener incorporadas el hombre;las otras 3 son:GRACIAS Y POR FAVOR!

Maria Giacobone Carballo dijo...

Gracias Patricia por tu entusiasmo!!!!
Besos,
María

Muestrario de Palabras 2 dijo...

Muy bello el blog!!
Maria

Maria Giacobone Carballo dijo...

Gracias Muestra de Palabras!
Cariños,
María

Anónimo dijo...

Muy interesante la forma que en esta naracion, nos dice, que el Perdon, no lo debemos pedir a algo o alguien, si que nosotros mismo debemos perdonar nuestros actos ....

Gabriela
Chile

Anónimo dijo...

Gracias María, cuando leo lo que public´ss siempre me queda una enseñanza, algo que aprender, algo que sentir. Como un empujón que em aclara ciertas vivencias en la que yo misma soy mi propia carcelera.
MUCHÏSIMAS GRACIas por tan humilde enseñanza.
Un beso enorme
Grace

 
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